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En medio del ajetreo del Hospital Eugenio Espejo, entre pasillos llenos de historias y salas donde la vida se enfrenta a múltiples desafíos, existe un oasis de calma y belleza natural. Detrás de cada rincón verde de este hospital, hay un hombre cuya dedicación ha convertido terrenos áridos en espacios llenos de color y esperanza: Héctor Carcelén.

Desde hace 20 años, Carcelén se ha dedicado con esmero a la jardinería en el hospital, transformando más de 800 metros cuadrados en un pulmón verde que brinda alivio y tranquilidad a pacientes, familiares y personal de salud. Su amor por la naturaleza nació en su infancia, en el Valle del Chota, donde aprendió a cuidar la tierra con la misma paciencia con la que ahora cultiva cada planta en el hospital.

“Las plantas son mis segundos hijos”, dice con orgullo mientras recorre los jardines que ha construido con esfuerzo y dedicación. Su trabajo no solo embellece el hospital, sino que también tiene un impacto positivo en la recuperación de los pacientes. Estudios han demostrado que los espacios verdes pueden reducir el estrés y mejorar el bienestar de quienes los frecuentan, convirtiendo a Carcelén en un protagonista clave en la sanación más allá de la medicina.

El Hospital Eugenio Espejo ha cambiado a lo largo de los años, pero algo que se ha mantenido constante es la presencia de Héctor y su compromiso inquebrantable con la naturaleza. Su labor es un recordatorio de que, incluso en los momentos más difíciles, un pequeño rincón verde puede traer paz y esperanza.

Gracias a su pasión y esfuerzo, hoy los jardines del hospital son un símbolo de vida y renacimiento. Héctor Carcelén no solo cuida plantas, sino que siembra alegría y bienestar en cada persona que se detiene a admirar su obra. Su legado verde quedará arraigado en la memoria del hospital y de todos aquellos que han encontrado en sus jardines un refugio en tiempos de adversidad.